esperando

Esperando respuesta

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Te inscribes a una oferta de empleo para optar al puesto de “redactor y community manager“, mandas tu curriculum y una serie de puntos por los que consideras ser el candidato idóneo. Te responden de inmediato y te piden que les mandes 3 fotos para demostrar tu talento fotográfico y un artículo sobre un tema en concreto para demostrar tu talento como redactor. Te dan 15 días…

Te pones manos a la obra. Haces un trabajo de campo con entrevista y sesión de fotos incluida. Redactas un artículo de unas 850 palabras y a mayores creas una página web para la ocasión donde se ven reflejados tus dotes creativos y de diseño, algo diferente con lo que poder destacar por encima del resto de candidatos. Lo envías con 10 días de antelación a la fecha límite.

Te contestan, les ha gustado, tienes una entrevista…

Madrid, 9 de Diciembre. No va a ser la típica entrevista. Un tipo alegre, cercano, te invita a tomar un café en un bar de una calle paralela a Gran Vía, pinta bien.

Pocas preguntas sobre ti y tus conocimientos o experiencia. Tiene ganas de contarte el proyecto que tiene entre manos. Te anticipa que alguien ya ha rechazado el puesto, pero no te da miedo.

El proyecto es perfecto, sabes que tú eres el candidato, que el puesto no es que pueda ser para ti, es para ti. Hay afinidad entre ambos, las risas y los comentarios dejan entrever su interés por tu perfil. Es más, no crees que pueda haber muchos más entrevistados a los que les cuenten lo mismo que a ti, a los que expliquen detallada y coloquialmente las labores que desempeñarías, a los que cuente la historia de la marca que representarías con tal entusiasmo como si ya estuvieras dentro, como si ya fueras uno de ellos.

Te pregunta, ¿qué opinas? Y tú, tan sincero como si uno de tus mejores amigos fuera el que está delante de ti, respondes: “lo quiero, me apetece, me motiva, soy la persona idónea para este puesto”

Cincuenta minutos después os despedís, acordáis que en no más de tres días habrá una respuesta, dado que la incorporación se presupone inmediata.

Te vas caminando, satisfecho e ilusionado, es más, no crees que hayas hecho una entrevista mejor. Pero al mismo tiempo, mil cosas empiezan a revolotear por la cabeza y por encima de todas una gran duda, ¿me llamarán?…

Pasan esos días de espera y no recibes ninguna llamada. Inquieto, no sabes qué hacer, ¿deberías llamar? puede que sea muy atrevido y es sábado, no es buena idea. ¿Y mandar un email? quizá lo lea, o no y entonces seguirás con la misma incertidumbre. ¿Y si le mandas un what´s up? Puede resultar raro o estúpido pero te evitas el descaro de la llamada y sabrás con certeza si el mensaje ha sido leído, una opción estratégica que solo puede tener un final…

Podría parecer que esto ha sido una historia inventada pero he de decir que no, que es real como la vida misma y que me pasó en primera persona hace un par de semanas. Os invito a que os paséis por la web que creé para la ocasión haciendo clic aquí, un artículo sobre un restaurante atípico situado en Valladolid, el Matilda. A ver qué os parece.

Ah! Que queréis saber el final!!

Efectivamente, en la mañana del sábado decidí enviar ese what´s up y creedme cuando os digo que fui todo lo cordial que cabe esperar de mi persona, pidiendo perdón por el atrevimiento y simplemente preguntando por la situación de la candidatura. Grandioso ese doble check azul que me permitió confirmar al instante el pasotismo hacia mi consulta. Aún así, me armé de paciencia y decidí esperar unos días más. Finalmente tomé la decisión de llamar para conocer la situación de la candidatura, “hemos estado muy liados con otras cosas pero no te preocupes que en cuanto sepamos algo, te lo haremos saber”, al menos…

Dos semanas después de la entrevista un email confirma mi descarte y me anima a seguir luchando, pues según ellos, tengo un curriculum excelente. Gracias.

Creo que hablo en nombre de muchos aspirantes a encontrar trabajo cuando después de realizar una entrevista, a sabiendas de que haya podido salir bien o mal, de que la competencia por el puesto es altísima, de que las posibilidades de ser el elegido son muy reducidas, sabiendo todo eso… que mínimo de una respuesta, una llamada, un email diciéndote “gracias pero no”. No es tan difícil crear un mail standard. No exagero cuando digo que sólo una de cada 10 empresas tiene “ese detalle”. No cuesta nada, de verdad, preferimos conocer el “NO” que estar con la incertidumbre. En este caso que he contado, intuyo que el email vino motivado por mi insistencia en saber el estado de la candidatura. No creo que sea necesario llegar a eso.

Solo una cosa más: yo no me rindo, seguiré intentándolo porque confío en qué pronto encontraré el trabajo que me saque de este momento que desgraciadamente, comparto con varios millones de personas. Tengo la esperanza de que todo va a ir bien.

Gracias a ti, por estar siempre ahí.

 

Un comentario en “Esperando respuesta

  1. Sigue asi Victor,todo llega con confianza y perseverancia sin importar ni opiniones ni obstaculos en el camino,,pues no importa caerse varias veces en el camino,sino saber levantarse cada vez con mas fuerza gana y sabiduria,,excelente informacion,,gracias por compartirla,,saludos

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